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jueves, 3 de septiembre de 2015

El mar

Por Juan Colón

Mar Surrealista por Jim Warren
Yo no sé qué es el mar.
Lo veo abrir sus oficinas de perennal colores, sus enormes pestañas de pueblos lejanos, inaugurar la música que va a los caracoles, y cuando abre sus brazos casi moja el amor.
Su olor de barcos lejanos, de madera ablandándose en el hueco de la ternura.
Y se bebe el alba, y la pone a cantar en la garganta de la pena nocturna.
Instala en sus balcones domingos con góndolas en espera de violines vivos, destejido ya de sus cansancios.

Pero no sé qué es el mar.

Si abre sus olas, echa a volar sus infinitas aves o gira el tocador un madrigal antiguo.
Ebriedad de mujer, perfume femenino, algo dice al oído de la tarde cuando el crepúsculo abre sus esclusas, en los labios abiertos de la pulpa marina.

Cuando sube sus peces a pintar el otoño, una castísima dicha
se estremece, donde la eternidad abre sus manos.

Viejo aventurero: ignorante de astros, sabio en latidos, de risa nómada, de ancho pecho, en ningún puerto se detiene porque sabe que llegar es nostálgico.

Yo no sé qué es el mar

Una mujer instalada donde no puede distraerse el corazón,  oleajes  donde habitan pordioseros los rubíes.
Presencia, sombra de luz donde se alquilan los sueños, y he hallado, restos de lo que en mí está hundido, vagabundeando en las olas.
Recorro su extenso cuerpo de algas y nácares, de cuentos que la noche olvidó en el otoño de la espuma.

Yo no sé qué es el mar.

Su movimiento es su vida, su corazón a veces se va de prisa, donde comienza a abrirse la mañana.
Tiene sed de viento, oculta los horizontes con su música,
que camina descalza hasta el delirio.

Pero, no sé qué es el mar.

Talvez la sonrisa primera, eso que mi madre llevaba en la otra mano.
Un bosque del pasado alojado en el mejor regazo de la madrugada.
Miro hacia atrás y las olas han borrado el cadáver de mis huellas.
Cuando las tardes  son ojos sin mar, se esconde en mí, él, travieso se sale del poema, pero deja su olor nocturno sobre el papel. Entonces lo unto sobre mi almohada hasta que mis sueños pisan la otra orilla.
Nadie lo ve a mi paso pero lo llevo cerca, él que siempre está lejano, voy a las multitudes, a las montañas, a la soledad y en  todas partes se hunde con  todas sus materias vivas.

Pero, no sé qué es el mar.

Solo sé que hay días que se despierta con su cintura doblada de azul  y rema hasta mis manos, sin querer otro puerto.
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