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viernes, 8 de febrero de 2013

La Creación de la Poesía.


Conferencia dictada en Madrid, auspiciada por el Consulado General de la República Dominicana en Madrid

La Creación de la Poesía.
Por: Juan Colón.


Ese mundo que se diría inverosímil, es el ámbito dentro del cual la realidad humana, tanta veces absurda encuentra su sentido. Como creador, para el poeta la vida encuentra sus colores  en esos universos  increados, lo nuevo, el devenir; importa el río de Heráclito  por que siempre siendo el mismo, es  diferente. Nunca terminamos de ver la mujer amada, en ella, con ella, verdadera obra de arte, pervive  un argumento que la sigue, un misterio,  unos paisajes, unos momentos y no sé qué luz apelmazada a orillas de unos ojos, que nos llevan al fondo de los sueños o al abismo de la desilusión; para   el caso da igual, en  el arte como en el amor importa aquello que hiere. En la vida lo arcano: biografía inconclusa, el azar está siempre al acecho. En todo lo humano está dado, lo no dado, la espera, lo por venir, la ilusión y su reverso, en esos elementos encuentra la poesía la materia prima y para un poeta la máxima de Descartes,  cogito, ergo sum: debe leerse: escribo, luego existo.
No encontrará la verdadera poesía el  que cree ya domina todas las técnica del poema, como aquel que la ignora. Ese hilo casi imperceptible entre saber la técnica pero no darse por enterado es lo que permite, que imágenes quizás del subconsciente afloren al poema; oasis en el extenso  desierto. La  técnica es solo un punto de partida.  En cada poema se inicia una técnica y en él se agota. En la diversidad del arte está su unicidad, su coherencia y unidad.  Morder la manzana era una opción inherentemente humana, pero para vivir en el paraíso era  necesario, esa dosis, casi  mítica del arte. Velásquez puso luz allí donde el sol mostraba su imposible. El órgano que la razón otorga al oficio del músico para perfeccionar su obra de arte, es el oído;  sin embargo, cuando Beethoven compuso ese poema en partitura que él llamó, la Novena Sinfonía, ( por que sospecho que la música está hecha de palabras y la poesía de música)estaba tan aterradoramente sordo que al ponerla en ejecución, en un gran teatro, al finalizar la obra, el público puesto de pie, aplaudía delirante, pero una amiga del artista tuvo que ponerlo de frente al auditorio para que viera los aplausos por que ya no podía oírlos. Eh, ahí el misterioso secreto del arte, estalla allí donde se tocan sus imágenes secretas. El poeta es Prometeo, ese que roba el fuego de los dioses para darlo a los hombres, por ello es considerado el protector de la civilización  humana. Tiene que decir con palabras lo  que las palabras no pueden decir. Basta una metáfora para iluminar todo el universo.


Decir con palabras lo que las palabras no pueden decir, cómo es extraña la poesía, una vez, escribí para unos alumnos, la siguiente analogía, que al decir de una amiga, es un poema con gran carga erótica. Veamos.







La poesía como una mujer.

La poesía como una mujer hay que enamorarla,
Invitarla a pasear, sacarle el horizonte, sentarla en un café
Donde acaso un destino de  algebra acosa las piernas de un  poema
Y el presente es siempre pasado  recién envejecido.
Mirarle a los ojos, hasta volverle alga la sonrisa.
Pincharle el corazón con los dos soles que la noche
Abandonó en la metáfora.
Hablarle  de viajes, mitos; regresarla de Itaca ese lugar
Que tanto conocemos, porque nunca hemos visto.
Llevarla a la intimidad, decirles al oído Palabras
No usada en lámpara marina.
Reducir las luces, bailarla  en buen incendio, sentir su feromona,
Juntar su cuerpo al mío, embrujarles  suspiros y ya no entender nada.
Tocarle despacio y fuerte las silabas del beso, morderles lo de dentro,
Quitarles todo aquello que Leonardo dejó a la Gioconda.
Exprimirle  viñedos en el silencio musical de los labios.
Subirla  al Olimpo, tropezar quizás  con las piedras celestes
Y escuchar  la luz golondrina  de los versos,
Sudar, sudar  y recibir de la mujer aquello.
Y a pesar de todo eso la poesía,  no siempre da su fluido.

Leía Fedro, un texto de Lisias, a su amigo Sócrates, mismo que refería que hay que complacer  a quien no ama, mas que a quien ama, concluida la lectura, Sócrates, dubitativo, con su paño amarrado a la cabeza como cubriendo la vergüenza al hablar, aún asintió, reflexionó, pero de pronto; cuenta Platón, Sócrates arrebatado por las musas, se quitó el manto de la cabeza, entonces lleno de luz, las ideas le  llegaban en torrentes,  comenzó a hablar, con meridiana exactitud de lo que no sabia, esto es, comenzó a poetizar.
Aquel, pues, dice Sócrates en dialogo con Fedro, que sin la locura de las musas acude a las puertas de la poesía, persuadido de que, como por arte, va a hacerse un verdadero poeta, lo será imperfecto, y la obra que sea capaz de crear, estando en su sano juicio, quedará eclipsada por la de los inspirados y posesos.

Stefan Zweig en conferencia pronunciada en Buenos Aires, dijo: Toda creación verdadera solo acontece mientras el artista se halla hasta cierto grado fuera de si mismo, cuando se olvida de si mismo, cuando se encuentra en una situación de éxtasis.

El verdadero poeta lo es,  solo cuando está en lo que los psicólogos llaman flujo, fuera de si, es cuando se encuentra a si mismo. Para encontrarme a mi mismo quise saber la capacidad de mis ojos; pero  la primera vez que visité la capilla sextina, se agotó mi retina, entonces abrí los ojos de mis manos, mis oídos, mi lengua, mis latidos, mi frente, le abrí los poros a cada uno de mis sueños y los puse a mirar.  Vi aquel cielo  con su Adán, y dudé si esa obra realmente la parió el pintor renacentista, Salí de allí aturdido, lleno de interrogantes, mis ojos hecho un río, llanto feliz. Pensé: si Dios asumiera pasiones humanas, de dos obras mostrara envidia: (aunque ningún padre envidia a sus hijos) por este Adán de Miguel Ángel, y por la Novena Sinfonía de Beethoven.  


Para entender  este siglo 21, pos moderno, con frecuencia recurro a la paradoja de los hermanos Marx: para donde vamos dice uno al otro, no lo sé contesta, pero vamos a prisa así llegaremos más rápido. En  el personaje de Eliot, (T. S. Eliot) todo es ajeno a él y él en nada se reconoce. Que está pasando; el exceso de presente nos dejó sin pasado y el futuro se puso viejo.

El insigne poeta mexicano José Gorostiza sobre el uso de la técnica, dejó escrito: Todas estas cosas, el poeta no tiene por qué saberlas y, si las sabe, no tiene por qué recordarlas. De Salomé Ureña a Pedro Mir, de Nezahualcóyotl, a Octavio Paz, de  Quevedo a García Lorca se sabe que la aplicación excesiva de la técnica, mata ese no sé que oculto de la poesía, que algunos llaman musa, vena, Elán, inspiración; Lorca, lo llama duende, Huidobro en su poema arte poética nos dice:

Por qué cantáis la rosa !oh poetas! 
Hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.

 En fin; esa condición de pequeño Dios, o de inspiración,  da vida y razón de ser al poema.  

El racionalismo predominante en el siglo XVIII, creó la convicción de que toda realidad es racional, esta tendencia ortodoxa de los ilustrados, dejó todo ese siglo sin poesía con las únicas excepciones, ya en la postrimería del siglo de: Goethe y Schiller.
  
Para el poeta mexicano Jaime Sabines la poesía es emoción, y aunque señala que no tiene interés de convencer a nadie de nada, dice que el poeta desde la autenticidad poética siempre, tiene el deber de trasmitir esas emociones. Para el nacido en Chiapas, hay que enfrentarse a lo que ofrece la vida y a lo que nos quita la muerte sin que el verso pierda el asombro virginal al hablar de estos eternos temas poéticos.
Quizás un ejemplo de lo señalado por Sabines lo constituyen estos versos anónimos, salido de lo mas profundo de un campesino dominicano y que ya querría yo ser su autor. Quisiera veite y no veite, quisiera hablaite y no hablaite, quisiera encontraite sola, y quisiera no encontraite. Eso, cuando el amor ahoga, o mejor, en  Baoba decimos cuando estamos asficiao de una mujer. Quisiera verte y no verte, quisiera hablarte y no hablarte, quisiera encontrarte sola y quisiera no encontrarte.

Eh, ahí, casi un Oxímoron perfecto. En ese juego entre el desear y el miedo a apresar aquello que se desea (la Óresis de Aristóteles) reside no solo una instintiva fuerza de  belleza poética, si no acaso en eso consiste la llama del amor. (Quisiera que me permitan un paréntesis, cuanta belleza en esta lengua castellana, quisiera hablaite y no hablaite, dice el campesino dominicano de la región del Cibao, y aquí,  en la región andaluza encuentro mucha similitud a como hablan el castellano  campesinos, obreros, chiriperos, en fin; la población ignara  de las tres regiones norte, sur y este de la República Dominicana.

 Todo se puede decir en la lengua castellana, decía Pedro Enríquez  Ureña, y Carlos V Rey de  España y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, sobre los idiomas dijo: Hablo en italiano con los embajadores; en francés, con las mujeres; en alemán con los soldados y en español con Dios. Hay palabras en Castellano  que por si misma son una composición: que mas se puede decir, después de escuchar las  palabras: madre, Dios, amor, libertad, y ya no sigo, por que la palabra solidaridad,  después de escuchar  amor es un pleonasmo.
Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido,
La poesía.
Octavio Paz.
El misterio de la poesía es tal, que a veces una frase, vulgar quizás puede encerrar la poesía de un siglo.
La última frase de Sócrates después de haber tomado la Cicuta, fue: Gritón, debemos un gallo a Esculapio. Cuanta poesía entre lo que dijo y calló, entre lo que calló y la lección de moral, quizás entre lo que calló y la ironía de su historia, de nuestra historia.

Volvamos al tema;  Gustavo Adolfo Bécquer, el más romántico poeta de habla hispana: Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
Hoy llega al fondo de mi alma el sol,
Hoy la he visto…La he visto y me ha mirado…
¡Hoy creo en Dios!
El autor de ese poema,  en Cartas Literarias a una Mujer,  le explica lo que es la literatura, le reflexiona: si algún poeta te escribe un buen poema de amor, desconfía de ese poeta. El poeta escribe con la cabeza fría, su función no es sentir, sino sintonizar con los sentimientos de los demás

El escritor, reflexiono yo, con frecuencia es también un personaje literario; todo cuanto cuenta no es biográfico, no tiene que ser verdad, pero si debe ser verosímil. Saber lo que hay en mí de los demás, y hacer de  la ficción,  esa materia prima del arte, hechos totalmente naturales.

Veamos algo mas sobre lo planteado  por  Bécquer,  en  la Carta II, este le escribe: por lo que a mi toca puedo asegurarte que cuando siento no escribo. Guardo, si, en mi cerebro escritos, como en un libro misterioso, las impresiones que han dejado en él su huella al pasar; estas ligeras y ardientes hijos de la sensación duermen allí agrupadas en el fondo de mi memoria hasta el instante en que, puro, tranquilo, sereno y revestido, por decirlo así, de un poder sobrenatural, mi espíritu la evoca,  y tienden sus alas transparentes, que bullen con un zumbido extraño, y cruzan otra vez por mis ojos como una visión luminosa y magnifica. Continua diciendo Bécquer, entonces no siento ya los nervios que se agitan, con el pecho que se oprime, con la parte orgánica natural que se conmueve al rudo choque de las sensaciones producida por la pasión y los afectos; siento, si, pero de una manera que puede llamarse artificial: escribo como el que copia una página ya escrita; dibujo como el pintor que reproduce el paisaje que se dilata ante sus ojos y se pierde entre la bruma de los horizontes. Todo el mundo siente, solo algunos seres les es dado el guardar como un tesoro la memoria viva de lo que han sentido. Yo creo que estos son los poetas. Es mas, creo que únicamente por esto lo son.



Ser y yo, no es exactamente lo mismo, en la  otredad estado natural de la creación poética, el yo se siente fuera de si, ese fuera de si es un abrirse, una búsqueda; en la creación como en el amor,  ocurren cosas irracionales en la que el creador mismo es un desconocido.

 Octavio Paz, en El Arco y la Lira nos dice: nosotros mismos nos aniquilamos al crearnos y nos creamos al aniquilarnos. Para Platón el poeta es un poseído. Su delirio y entusiasmo son los signos de la posesión demoníaca. Contrario a lo planteado por Bécquer,  En el Ion, el autor del método mayéutico, el que tomó con resignación la cicuta, define al poeta como un ser alado, ligero y sagrado, incapaz de producir mientras el entusiasmo no lo arrastra y le hace salir de si mismo.

El poeta no tiene dentro de si las imágenes, esa voz de luz antigua, que funda un verso, abre una ciudad, y puebla un sueño.
Aun cuando algunos poetas piensan que esas imágenes le vienen de dentro:
Verbigracia este poema del más genial de los Machado, Antonio.

Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que una fontana fluía
Dentro de mi corazón.
Di, ¿Por qué acequia escondida,
Agua, vienes hasta mí,
Manantial de nuestra vida
De donde nunca bebí?
Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que una colmena tenía
Dentro de mi corazón;
Y las doradas abejas
Iban fabricando en él,
Con las amarguras viejas,
Blanca cera y dulce miel.
Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
Dentro de mi corazón.
Era ardiente por que daba
Colores de rojo hogar,
Y era sol por que alumbraba
Y por que hacía llorar.
Anoche cuando dormía
Soñé, ¡bendita ilusión!,
Que era Dios lo que tenía
Dentro de mi corazón.




Esas imágenes están fuera, a él le llegan, lo asaltan, y él las  derrama sobre el papel, con ese numen inefable, con ese arrebato con que unos ojos de mirada primitiva, ponen de rodilla todo  un siglo.  

El planteamiento de Bécquer, no obstante  guarda estrecha relación con La Paradoja del Comediante, de la autoría de Diderot; el filósofo francés de la ilustración,  para quien: un comediante no debe sentir nada, son los espectadores los que deben sentir, el actor suscita emociones o sentimientos mediante los recuerdos procesados en su mente y expresados inmediatamente. Los espectadores, por el contrario, son los receptores del esfuerzo del actor por aparentar un sentimiento. El público según Diderot no quiere ver como llora un actor, lo que quiere es que le haga llorar. No desea ver que un actor se emociona, lo que quiere es emocionarse.


Johann Wolfgang Von Goethe, el poeta, novelista, y científico  alemán de quien dijera George Eliot, que fue el más grande hombre de letras alemán… y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra; ese Goethe, refiriéndose a la publicación de una de sus novelas (Werther) dijo: esta es también una creación que, como el pelícano, he alimentado con la sangre de mi propio corazón. Para mas adelante exclamar: ¡son puros cohetes ardientes! Me siento incómodo, y temo volver a sentir el estado patológico del que brotó.


Cada autor es una isla, para unos algo de divino, de voz extraña se apodera del creador, mas allá del dominio de los símbolos, e imágenes convencionales que lo habitan. La creación poética trasciende la propia conciencia del poeta, está más allá de la ciencia y el sueño; siendo ambos.

El gran poeta francés Paúl Valery sostiene  que el estado de inspiración no es el estado conveniente para escribir un poema. Como vemos Valery  admite la existencia de un estado de inspiración, palabra hoy en desuso, apreciación esta última que pudiera tratarse de un anacronismo.

Para el gran director, pedagogo y actor teatral ruso Konstantín Stanislavski creador del método interpretativo que lleva su nombre, todo actor en la actuación debe ser cincuenta, cincuenta; es decir, que experimente emociones similares a las que manifestaría la persona interpretada en su vida real, sin anularse a si mismo. Aunque este método  tuvo su inicio en el siglo diecinueve, muy al tanto de la corriente Froidiana , entonces en boga, sigue siendo el método de actuación mas importante  hoy día, de esta escuela salieron: Marlon Brando, Al Pacino, Robert De Niro, y Marilyn Monroe.

El poeta al escribir es un personaje literario, esto es; al escribir un poema, no necesariamente hace biografía, sino presentar emociones, sentimientos, situaciones humanas, siendo esos otros de lo que formamos parte, yo soy una extensión de los demás, los demás viven en mí, se expresan en mí, pertenecen a mí como el crepúsculo al atardecer.




 Leonardo Da Vinci, el genio italiano pintor, escultor e inventor, junto a Miguel Ángel, la sangre y el corazón del arte y la cultura renacentista en una de sus tantas reflexiones señaló: Donde el alma no trabaja junto con las manos, ahí, no hay arte.

 Es, ese soplo del espíritu, lo que provoca que un pedazo de piedra pueda llamarse La Victoria de Samotracia o que con una cosa tan elemental, tan fría, casi vulgar como esto: DO RE MI FA SOL LA SI DO; como es posible que de esas breves notas pudiera salir algo como el Concierto 21, para piano de Wolfgang Amadeus Mozart.

 Edvard  Munch, noruego, pintor expresionista, autor de la obra El Grito, en sus cuatro versiones forman parte del exclusivo grupo de lienzos cuyo valor supera el mito. Estas obras sin dudas son un reflejo de la situación emocional, muy a tono con su pasado familiar; así su madre muere siendo él apenas un niño, por esos tiempos muere una hermana de tuberculosis, y ya para 1890, a Laura su otra hermana se le diagnosticó un trastorno bipolar, siendo internada en un hospital psiquiátrico. Este cuadro llevaría a decir al artista noruego más connotado, que: La enfermedad, la locura y la muerte son los ángeles que custodiaron mi cuna y me acompañaron durante toda la vida. .. Sin el miedo y la enfermedad mi vida seria como un bote sin remos. Me daba miedo mi propia sombra a la luz de la luna. Pero también dijo: mi arte da sentido a mi vida.


  Munch, en el cuadro La Desesperación, mismo que forma parte del Grito, escribió: pasaba por un sendero con dos amigos- el sol se puso- de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio- sangre y lengua de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad- mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.
Que narra el genial artista, sino esa fuerza poética, ese golpe de gracia, esas voces de dolor que hieren  su conciencia, le aviva el subconsciente, y le revela una de las obras mas enigmática plasmada en lienzo alguno.

En ese arte creo, cuidado con el anti arte, Tristán Tzara, rumano,  la figura mas representativa del Dadaísmo, para hacer un poema dadaísta propone:
coja un periódico
coja unas tijeras
Escoja en el periódico un artículo de la longitud que cuenta darle a su poema
Recorte el artículo
Recorte en seguida con cuidado cada una de las palabras que forman el artículo y métalas en una bolsa
Agítela suavemente
Ahora saque cada recorte uno tras otro
Copie concienzudamente
En el orden en que hayan salido de la bolsa
El poema se parecerá a usted
Y es usted un escritor infinitamente original y de una sensibilidad hechizante, aunque incomprendido del vulgo.
  



Immanuel Kant, o Emanuel, (pero cada quien debe llamarse como desee, y él prefirió cambiar para Immanuel), tras aprender el hebreo, este filosofo prusiano, autor de La Critica de la Razón Pura, por quien profeso un gran respeto como autor, un día leyendo sus reflexiones sobre el arte me llené de enojo, todo por que este pensador de la ilustración consideraba al arte como si fuera un juego, que éste nada tenia que ver con el conocimiento y  enarbolaba la tesis de la Finalidad sin fin del arte, olvidaba Kant que no hay comunicación sin conocimiento, es mas, no existe poesía sin genialidad, dicho en otra palabra, en todo poeta hay un pequeño genio, pues tiene la obligación de superar la palabra por medio de la palabra, decir lo inefable, el artista con frecuencia debe sustituir el objeto real por el objeto artístico haciendo vibrar esa presencia que constituye el secreto del arte,  matar la palabra para darle vida al poema. Desde la más remota antigüedad los griegos utilizaron la palabra logo para designar esa dualidad que es sinecuanon: pensamiento y habla. Para el filosofo alemán  Federico Hegel, a quien el poeta Pedro Mir dice que es doctor en Sabiduría del Mundo, el arte tiene su fin en si mismo y se diría que mas que en si mismo, en el hombre. Si considero irreverente lo planteado por Kant,  imaginen mi indignación ante el  adefesio planteado por los dadaístas, cuyos postulados merecen solo mi silencio.

Nuestro poeta nacional Manuel del Cabral, en entrevista que tuve a bien hacerle para el periódico Educando en el 1993, me decía que siempre que escribía lo hacia en un estado de éxtasis, como de embriaguez.

El poeta Edgar Allan Poe  en su ensayo sobre El Método Poético y Narrativo, contrario a lo dicho por el autor de Compadre Mon, plantea la tesis de que ningún punto de la composición puede atribuirse a la intuición ni al  azar; explica como en  la obra poética El Cuervo, avanzó su terminación paso a paso, con la misma exactitud y la lógica rigurosa propias de un problema matemático. Un mundo de creación sistemáticamente mecánico nos plantea Poe. A su método agrega lo siguiente: Dos elementos se exigen eternamente: por una parte, cierta suma de complejidad, dicho con mayor propiedad, de combinación; por otra cierta cantidad de espíritu sugestivo, algo así como una vena subterránea de pensamiento, invisible e indefinitivo. Esta última cualidad es la que confiere a la obra de arte el aire opulento que a menudo cometemos la estupidez de confundir con el ideal.
Como hemos escuchado el poeta Edgar Allan Poe, antes de sentarse a escribir una obra identifica con rigurosidad matemática todos y cada uno de los elementos  a utilizar en la redacción, esa precisión de relojero suizo deja poco espacio a la intuición, al papel del  espíritu, a lo que el arte tiene de azar, ya que si la realidad es precisa el arte exhibe su mejor gala cuando  se viste de cierta ambigüedad.













 La tesis platónica de las musas en la escritura aún se discute, la escritura planteada solo como una operaron de la inteligencia, puede interpretarse como una visión clásica, pero carente de eso que el arte tiene de misterio aún para el propio poeta. Quizás a eso se deba la existencia de tantas obras que son estatuas, sin corazón, sin soplo, sin aliento.

El autor de Las Flores del Mal, el  mejor exponente del simbolismo francés, poeta, Charles Baudelaire, al referirse a la inspiración y al trabajo cotidiano, dice que ellos son hermanos indivisibles, se necesitan profundamente, sin una no se puede tener lo otro y viceversa.

Para Borges, la belleza es una sensación física, algo que sentimos con todo el cuerpo. No es el resultado de un juicio, no llegamos a ella por medio de reglas; sentimos la belleza o no la sentimos.

El poeta Nacional dominicano  Pedro Mir en entrevista que le hiciera para el periódico Educando decía: yo soy incapaz de construir un poema como Hay un País en el Mundo, si fuera capaz de hacerlo lo haría. Yo no puedo escribir un poema como Contra Canto a Walt Whitman o como Amén de Mariposas. Yo soy la persona que mas admira su obra. Por qué, por que no la puedo hacer, sobre todo habiéndolo hecho. Entonces, yo veo eso como un espectador frustrado, por que yo no puedo imitar a ese gran poeta.

Lo dicho por el poeta Mir, refleja lo del azar en la obra de arte, lo misterioso, la imposibilidad de ejecutarla simplemente por dominio de la técnica. Pedro Henríquez Ureña, un gran humanista, eminente filólogo, magnifico ensayista, yo  diría que pocos conocían como él las preceptiva de la poesía, no obstante nunca pudo escribir un gran poema.

El poeta dominicano Mariano Lebrón Saviñon, fundador del movimiento La Poesía Sorprendida, ex – presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, en una entrevista que tuve a bien hacerle, también para el periódico Educando, al plantearle lo dicho por el poeta Chileno Vicente Huidobro sobre que el poeta es un pequeño Dios, sin embargo, para otros escritores el poeta es como un artesano al que le basta con aprender un oficio y ejercerlo, a lo que Mariano Lebrón respondió: indudablemente que el Élan, no vamos a hablar de inspiración, es obra de algo sobrenatural, si, es un pequeño Dios, un pequeño Dios en función de creación. Tú eres poeta y sabes lo que te voy a decir y lo ha sentido. No lo puede sentir una persona ignara, una persona alejada de nosotros, pero a veces tu ves poemas tuyo donde hay metáforas que tu no sabes cuando la escribiste, ni como la creaste. Tu ves versos que dices ¡pero esto es mío!; si es tuyo, lo escribiste tu, después te das cuenta que si; pero ha escrito un poema dentro de ese estado emocional, que unos le llaman  la creación, otros la inspiración- palabra que está en desuso- y cuando tu ves el poema te sorprende de los hallazgos. Tú lo perfecciona después, todos los poetas liman sus versos, lo hizo Lope de Vega que fue un monstruo de la creación. Yo tuve en mis manos unos originales de Rubén Darío, corregido dos o tres veces por el mismo; pero el verdadero germen del poeta, la verdadera esencia del poema es obra de algo que está fuera de nosotros. De modo que decía Platón yo no escribo los poemas, un Dios, el Dios de las grandes realizaciones
habla por mi.



 A Goethe le preguntaron cómo es posible que tú llegues a esas realizaciones y él decía: dejo que la naturaleza actúe. Lorca habla del duende. Si también. Si no es un duende, es algo que hierve dentro de nuestra sangre y nos hace decir cosas… Fíjate cuantos absurdos hermosos decimos, que quedan definitivamente como poemas. Shakespeare llegó a decir que la mejor poesía es la que mas abunda en absurdos. De modo que yo creo como Huidobro que si, el poeta es un pequeño Dios. O mejor, yo dije una vez en los ¨Trialogos¨,  que tu lo conoces que la poesía hace al hombre mas hombre, y a Dios mas Dios, porque es el único lenguaje para dirigirse a la divinidad.

 Por lo dicho por el poeta Mariano Lebrón, se infiere que dentro de cada poeta hay un segundo ser, que está mas allá del ser. Una voz que es su voz y no es su voz, que crea y produce en un estado de conciencia no consciente. Parece contradecir la poesía de la experiencia, la poesía es un medio por el que el ser se funda y revela a si mismo, acto donde confluyen lo racional e irracional.

 Dalí nos invita a la conquista de lo irracional en el arte, el surrealismo saca aquello que realmente somos, y el poeta español, Carlos Bousoño desarrolla un interesante ensayo, intitulado Lo Irracional en la poesía.

En  conferencia sobre La Creación Artística,  Federico García Lorca se pregunta  que es aquello que distingue a las  obras clásicas, las que consideramos únicas y magistrales de la maraña de tantas otras producciones que enmudece el tiempo.
El poeta propone que no es la pericia, el esfuerzo o el estudio lo que los lleva a decir que una obra es mejor que otra; es mas bien  la facultad de producir un asombro  inexpiable, una conmoción y admiración que resultan en todo caso indescriptible. A esta facultad particular de la obra de arte Lorca la llamaba ´´ El Duende, ¨ Este termino que el poeta dice haber tomado de Goethe quien le había descrito como un poder misterioso ´´ que todos  sienten y que ningún filosofo explica,  es retomado por Lorca y recreado para referirse al caso particular del arte  en España, sin embargo, las apreciaciones de Lorca pueden aplicarse a la producción artística de cada lugar y sin ninguna duda al caso particular de la poesía.

Quiero también significar que el termino duende utilizado por el granadino mas español, que no le costó a Madrid los dolores de la maternidad, a los ojos del siglo 21 puede verse con cierto anacronismo, pero yo percibo  un mito verde que es totalmente legitimo en el ámbito de la poesía, recordemos que el arte tiene su propio campo de la realidad y de la verdad mas allá de la ciencia, dicho esto, escuchemos al poeta:













´´ así, pues, el duende es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar ´´Yo he  oído decir a un viejo maestro guitarrista: el duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies. Es decir, no es cuestión de facultad, si no de verdadero estilo vivo; es decir de sangre; es decir de viejísima cultura de creación en acto.
Ángel y musa vienen de fuera, el ángel da luces y la musa da forma (Hesíodo aprendió de ellas). Pan de oro o pliegue de túnicas, el poeta recibe normas en su bosquecillo de laureles, en cambio el duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre.
Para buscar al duende no hay mapa ni ejercicio. Solo se sabe que quema la sangre como un tópico de vidrios, que agota, que rechaza toda la dulce geometría aprendida, que rompe los estilos.
La llegada del duende presupone siempre un cambio radical en todas las formas sobre planos viejos, da sensaciones de frescura totalmente inéditas, con una calidad de rosa recién creada, de milagro, que llega a producir un entusiasmo casi religioso. 


Era el poeta de la más alegre melancolía, símbolo de la generación del 27, volcán de la intuición, hábil como un torero, profundo como un cielo, en cada verso dejaba una guitarra, en cada poema la España iluminada.

Stefan Zweig, el autor de Maria Estuardo, Fouché, y Maria Antonieta, en conferencia ofrecida en Buenos Aires, habló acerca del misterio de la creación artística. He aquí algunos párrafos de lo dicho:


De todos los misterios del universo, ninguno mas profundo que el de la creación.
… a veces nos es dado asistir a ese milagro, y nos es dado en una esfera sola: en la del arte.
El milagro solo comienza para nosotros cuando un libro único entre esos diez mil, veinte mil, cuando un solo de esos cuadros incontables sobrevive, gracias a su entelequia, a nuestro tiempo y a muchos tiempos mas. En ese caso, y solo en este, nos apercibimos llenos de veneración profunda, de que el milagro de la creación vuelve a cumplirse aún en nuestro mundo.
… pero de pronto ese solo hombre da cumplimiento a algo que nos está negado a todos nosotros. Ha vencido la mortalidad del hombre y ha forzado los límites en que, por lo común, nuestra vida propia queda encerrada inexorablemente.
La creación artística es un acto sobrenatural, es una esfera espiritual que se sustrae a toda observación. … no nos he dado descifrar este, el misterio mas luminoso de la humanidad; acaso no podemos mas que comprobar su sombra terrenal.










Permítaseme incluir la siguiente analogía  de Zweig, entre un asesino pasional que confiesa ante un juez, a como crea un artista. Veamos:
En realidad no se como lo hice, ni puedo describir como lo hice; vino sobre mi repentinamente. No estaba con mis cinco sentidos. No estaba en mis cabales.
… toda creación verdadera solo acontece mientras el artista se halla hasta cierto grado fuera de si mismo, cuando se olvida a si mismo, cuando se encuentra en una situación de éxtasis.

El gran problema de este enfoque es que de alguna manera rompe con los cánones de valores vigentes hoy día, un mundo pragmático, donde nos dicen que no existen las ideologías, solo para que predomine la mas perversa, se nos habla del final de la historia, solo para acunar un conformismo estúpido, un mundo donde lo mas real es la duda, donde lo único importante es aquello que se toca, se ve, se huele; realismo que siempre ha matado el arte, y las palabras inspiración, sueño, utopía, musa parece un anacronismo extraído del mas oscuro rincón del medioevo. Lo grave de estos paradigmas   es que corremos el riego de una poesía carente de emoción, eso que Pound llamaba el Voltaje. Luís García Montero catedrático y poeta español,  sostiene que la poesía es una convención, un juego donde el azar está radicalmente barajado por las manos de la historia. Pero esa  imagen de Pigmalión que decidió no casarse para dedicarse a crear esculturas de una belleza tal que termina enamorado de Galatea; su propia obra; misma que en el mito Las metamorfosis, de Ovidio, se relata que se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose mas dócil y blanda con el manejo.

Ese mito, acaso es la imagen aspiración que todo poeta desde siempre lleva dentro.
  
Robert Graves, humanista, poeta, e investigador de la poesía, natural  de Londres, señaló que un poeta debe escribir como un poeta y no como un periodista. Cree en la sacralidad de quienes ejercen el arte, que, para él, es uno y eterno. Descree de las escuelas literarias y de sus manifiestos.

A propósito de manifiesto, André Bretón el gran poeta surrealista francés, en su Primer Manifiesto Surrealista de 1924, escribió:
 Quiero que la gente (el escritor) se calle tan pronto deje de sentir. Me he limitado a decir que no dejo constancia de los momentos nulos de mi vida. Y que me parece indigno que haya hombres que expresen los momentos que a su juicio son nulos. 

Esos momentos nulos referidos por el poeta Bretón, todos los escritores lo hemos tenido, es, ese instante, a veces días, en que nos sentamos frente a la página en blanco y nuestra mente, voz exterior, o musa, está de vacaciones,  y hay escritores que han durado años de sequía  creativa.








Al parecer, dice Bretón, tan solo al azar se debe que recientemente se haya descubierto una parte del mundo intelectual, que, a mi juicio, es, con mucho la más importante y que se pretendía relegar al olvido. A este respecto, debemos reconocer que los descubrimientos de Freud han sido de decisiva  importancia.

 Lo onírico y lúdico,  es el nuevo universo que propone el surrealismo, dotaba a la realidad de apreciaciones desconocidas hasta entonces;  captar las imágenes que se ocultan en el subconsciente, desnudar el espíritu en un aire total de libertad, para luego someterlo al dominio de la razón.

La fe del poeta francés, expresado en este manifiesto, es  una especie de credo. Veamos:   Creo en la futura armonización de los dos estados aparentemente contradictorios, que son el sueño y la realidad, en una especie de realidad absoluta, en una sobre realidad o surrealidad, si así se puede llamar. Esto es la conquista que pretendo, en la certeza de jamás conseguirla, pero demasiado olvidadizo de la perspectiva de la muerte para privarme de anticipar un poco los goces de tal posesión.


Como podemos apreciar de este credo surrealista; por mucho que dejemos actuar el azar, lo lúdico, por mucho que caigamos en estado hipnótico, aún cuando se aplique el método Paranoico Crítico sugerido por Dalí, aún cuando es verdad que con frecuencia nos tropezamos con la absurdidad de lo normal, siempre será necesario la intervención de la razón, esto es, la intervención de lo racional aún en pequeñas dosis para que una obra pueda considerarse artística.

Para concluir me permito leer un fragmento de relato y finalizar por el principio con un poema:
 Era un invisible punto hacia el que todos caminaban, acaso un perfume de voz, el universo si espejo,  al otro lado ya era el fin del asombro.  Los peculiares habitantes abandonaron la época mejor que todas, pero inferior a si misma, y cruzaron a la otra orilla donde esperan  al genio; quizás solo el  abismo. No saben como cruzaron, pero no existe el regreso; allí el bullicio, la multitud extraviada, Dios de vacaciones y un inmenso cementerio para sepultar todo pasado, por que descreen del porvenir. Las  normas, mitos y aún la forma misma es un anatema, nadie ve en la simple piedra el oro profundo al ser tocada por el soplo del arte. Pasado el penúltimo intento del regreso, nadie recuerda el rostro anterior de su semejante. Solo lo perecedero importa, la inmediatez contraria a todo símbolo  obsecuente a lo poético.

 Este no concluido relato, lo  comencé a escribir valiéndome del método del surrealismo propuesto por Andrés Bretón, en el Primer Manifiesto, pero al hacer una pausa  en la redacción, cosa no recomendada por los surrealista, me di cuenta, que mi relato era una especie  de metáfora de estos tiempos y lo dejé ahí.  En el arte;  la razón si no está unida a las alas del sueño; mata.





¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía? Pregunta mi niña mientras  en sus ojos,
Andaba  la mañana de  trinos en las  espigas.
Balbuceé; a mis años de estudiarla,
Solo tengo la certeza  de mis dudas:
Acaso es el lienzo blanco de la melancolía, la partitura del silencio
La primera sonrisa de Dios, tirada como trigo sobre los surcos
Sinuosos  de la página en blanco.
Bebo el licor  de un verso,  como si el esperma
De toda la esperanza estallara en mi alma.
Quizás son esos vuelos incesantes del pecho, por cielos insufribles
Cuando una voz, única voz, irrepetible llama.
Las manitas del beso saliendo de la soledad  como
Dos granos de luz.
Tal vez  es esa pupila en cuya hondura tiembla
El corazón de una estrofa.
Aquello que cuando creemos conocerlo, desaparece.
Me figuro la poesía  es un ave: negada  a encerrarse,
En la lógica absurda del lenguaje.

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