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domingo, 10 de febrero de 2013

El inefable encanto de la buena vida.

 Juan Colón.

Nací dos años y unos meses antes de la Revolución de Abril de 1965, por
ello escribí, el siguiente poema.

1965.

A menos de tres años
que iba yo a saber de cuerpos retorcidos como
bejucos.
De esa extensa película de terror
donde  extraños tanques   aplastaban  gentes.
De la ira y fuerza de unos puños cerrados frente a las
garras del odio.
Días sin tardes,
de mal olor a botas,
sucias pezuñas,
amarillentas noches de plomo.
Amplios saqueos del crepúsculo.
Gritos insoportables del silencio.
Crecí conociendo a Juan Bosch, Pedro Mir, Manuel del Cabral, recitaba a Neruda, pero sobre todo sentía la necesidad impostergable de imitar al Che Guevara, no precisamente en el cigarro.
Después de hacer teatro, y poesía coreada, incluida las consignas que sabemos, dejé mi viejo campo de  Baoba y llegué a Santo Domingo, mis árganas todas llenas de principios Duartianos, de La Edad de Oro de Martí, de Luperón, Gregorio Urbano Gilbert, de Caamaño; las lágrimas en mi pañuelo de mi madre y un ancho cielo de utopía.
Tres años después de concluida mi carrera universitaria, se produce la caída del Bloque Soviético, el Muro de Berlín, y  Francis Fukumaya nos habla de El fin de la historia y el último hombre, tesis con la cual nos quieren  idiotizar  haciéndonos creer, que las ideologías han muerto, y por tanto solo existe, una,  la del capitalismo salvaje, como bien lo refería el siempre recordado papa Juan Pablo 11.
Anoche viendo la película El discreto encanto de la burguesía, de Luís Buñuel misma con tintes surrealista, por la que obtuvo un Oscar, en ella retrata una aristocracia que posee  dinero, vicios, bellísimas mujeres parisinas, pero mas que el dinero le abunda la falsedad, el egoísmo, rinden culto a las apariencias, pero carecen de algo que aprendí con mamá Chichí,  mientras ordeñaba las vacas, amor al prójimo y respeto a los semejantes. El problema fundamental de esa aristocracia es que están encerrados en su propia maraña, y por tanto viven sin armonía, sin estabilidad emocional, condición
sine qua non de  una buena vida, única razón por lo que esta  es bella.
Y no se trata de una apología a la pobreza, no, es otra cosa, vi esta magnifica obra de Buñuel como una metáfora de determinados sectores. De hecho me fascina el buen vino, ciertos niveles de bohemia, no me imagino mi vida sin los viajes, lo que se hace esencialmente con dinero; pero es también saber que lo mas bello nada nos cuesta, y no amar es un cáncer que nos elimina lentamente. La dignidad humana trasciende esto que una mano oculta en no sabemos que laberinto quieren vendernos: que somos simple mercancía, un número, cuanto más tenemos mas somos, y hasta nos convencemos que somos solo un ente de consumo. Uno de mis autores preferidos, el poeta mexicano, Octavio Paz,  refiriéndose al consumismo de su país, decía; estamos muy cerca de Estados Unidos, pero muy lejos de Dios. En fin, para utilizar el titulo de la película interpretada por el italiano Roberto Benigni, La vida es bella o La vita é bella,  si echamos  a un lado lo superfluo, y se lucha por la felicidad. Claro que un ser humano es verdaderamente bello y noble cuando es capaz de luchar por la felicidad de todos. Concluyo con el poeta norteamericano Walt Whitman quien camina una milla sin amor, camina amortajado hacia su propio  funeral.
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Item Reviewed: El inefable encanto de la buena vida. Description: Rating: 5 Reviewed By: Juan Colon
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